EL hipertexto se ha consolido bajo el concepto de
estructura digital de múltiples lexias que
se relacionan entre si, y de estas forma se obtienen conexiones intertextuales.
Luego de seguir con dichas pautas, el hipertexto como el texto impreso, puede
tomar infinitud de formas que lo adapten mejor a los múltiples objetivos
posibles. Para Riffaterre el hipertexto es un conjunto de “asociaciones
libres generadas por el lector.” Los sistemas hipertextuales se basan en un
enfoque donde el usuario tiene la posibilidad de crear, adicionar, conectar y
compartir información de fuentes varias.
La estructura de cualquier hipertexto por muy simple o
complejo que parezca, puede plasmarse mediante una representación gráfica para
hacer más fácil su comprensión y estudio. Esta representación es muy útil para
analizar los hipertextos y sus relaciones, pero también es un instrumento
indispensable para diseñarlos. Un medio de
estructurar la información de forma coherente es trazar un diagrama de flujo
que incluya los nodos y los enlaces con sus rutas de acceso y que luego puede
servir de guía en el momento de la elaboración del propio hipertexto. Barthes señala
que somos una civilización de la escritura y que todo mensaje de imágenes está
acompañado por uno lingüístico. Este mensaje lingüístico funciona como anclaje de los múltiples
significados que pueden encontrarse en una imagen.
No todos los sistemas de hipertexto actuales incluyen la
característica de permitir al lector contribuir al texto. En el caso de que lo
permita, las funciones de lector se funden con las de escritor y la división
entre ambos se va disipando. La particular importancia de la textualidad en red, es decir de la textualidad escrita,
almacenada y leída en una red informática, se manifiesta cuando la tecnología
convierte a los lectores en lectores-escritores o "lectoautores", ya
que cualquier contribución o cambio introducido por un lector, pronto se
encuentra al alcance de los demás lectores.
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